Durante la campaña navideña, el consumo energético en conservación se dispara. Ajustar el consumo en cámaras y frío es clave para reducir costes sin comprometer la calidad del producto ni la trazabilidad. Existen márgenes de mejora incluso en instalaciones ya optimizadas.
1. Ajustar temperaturas según producto
Una de las formas más básicas de reducir el consumo en cámaras y frío es revisar y optimizar las temperaturas de conservación. Mantener cámaras a temperaturas más bajas de lo estrictamente necesario aumenta innecesariamente el gasto energético. Para frío positivo (productos frescos), ubicar temperaturas entre 0 °C y +4 °C suele ser suficiente según el tipo de producto; para frío negativo (congelación), la referencia es inferior a -18 °C. Una adecuada configuración evita que los sistemas trabajen de más.
2. Minimizar aperturas y gestión de puertas
Cada apertura de una cámara influye en el consumo en cámaras y frío porque deja escapar aire frío y obliga al sistema a recuperar temperatura. Esto es crítico en picos navideños, cuando entran y salen lotes continuamente. Reducir la frecuencia y duración de las aperturas —minimizando entradas innecesarias y educando al personal sobre el uso eficaz de puertas— puede suponer ahorros relevantes.
Una técnica adicional es usar cortinas de aire en zonas de tránsito intenso o sistemas de cierre rápido y calidad para que la infiltración de calor sea menor y el esfuerzo del equipo se reduzca.
3. Ordenar productos para asegurar la circulación del aire
Un buen diseño de estanterías y una correcta distribución interna permiten que el aire frío circule de forma más eficiente. Si el consumo en cámaras y frío se dispara, parte de la causa puede estar en barreras al flujo de aire que obligan a los ventiladores y compresores a trabajar más. Mantener separación entre productos y utilizar estanterías que faciliten la circulación minimiza estos desequilibrios.
4. Evitar introducir productos calientes
Introducir en cámara productos que aún no han perdido calor eleva la temperatura interior, lo que obliga al sistema a generar más frío para compensar. Esto impacta directamente en el consumo en cámaras y frío y, además, puede afectar a otros productos cercanos. Antes de almacenar, dejar que los productos se atemperen evita picos de trabajo del equipo.
5. Sellado y aislamiento de cámaras
Las fugas de aire frío son responsables de una parte importante del consumo en cámaras y frío. Asegurarse de que todas las juntas, burletes y paneles de aislamiento están en perfecto estado, reduce pérdidas térmicas. Revisión puntual de aislamientos y reparaciones rápidas de sellados en puertas y puntos críticos evitan que el frío “se escape” a zonas no deseadas.
La instalación de una antecámara o “cámara intermedia” ayuda a minimizar la entrada de aire caliente al abrir puertas de acceso muy frecuentes, lo que colabora en mantener una temperatura más estable y menor demanda energética.
6. Mantenimiento de componentes clave
Un equipo bien mantenido consume menos. Polvo y suciedad sobre condensadores y evaporadores incrementan la resistencia térmica y obligan al sistema a trabajar más, elevando el consumo en cámaras y frío. La limpieza periódica de serpentines y ventiladores, así como la verificación del estado de motores y compresores, mantiene el rendimiento en niveles óptimos.
7. Optimizar los ciclos de desescarche
La acumulación de hielo o escarcha en evaporadores aumenta el consumo en cámaras y frío porque reduce intercambio térmico y obliga a ciclos de compensación más frecuentes. Controlar los ciclos de desescarche —especialmente si se puede hacer basándose en sensores en lugar de tiempos fijos— reduce el calor añadido al sistema y el gasto energético innecesario.
8. Uso de ventilación y horarios nocturnos
Aprovechar las horas de menor demanda energética en la red puede ayudar a contener el consumo en cámaras y frío. En algunos sistemas, adelantar o retrasar mantenimientos intensivos o ventilaciones para franjas nocturnas reduce la carga en horas punta y puede bajar picos de consumo eléctrico. Este ajuste debe hacerse con cuidado para no comprometer la calidad de conservación, pero en picos de uso puede ser adecuado trabajar ciertas rutinas fuera de horas de máximo estrés de la red.
9. Capacitación del personal y cultura de eficiencia
El comportamiento operativo es tan importante como la tecnología. Un equipo que entiende cómo su gestión influye en el consumo en cámaras y frío actúa con más precisión: evita dejar puertas abiertas, organiza lotes para minimizar reaperturas y reporta fallos con rapidez. La capacitación en buenas prácticas de operación y en interpretación de alarmas reduce errores y mejora la eficiencia del sistema.
Implantación práctica: checklist para picos navideños
Para que estos nueve ajustes se conviertan en mejoras reales del consumo en cámaras y frío, proponemos este checklist operativo:
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Revisar y ajustar temperaturas de cámaras según producto.
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Reducir aperturas innecesarias y entrenar al personal.
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Organizar productos para mejorar la circulación de aire.
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Verificar que no se introducen alimentos calientes.
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Inspeccionar y reparar sellos y aislamiento.
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Limpiar condensadores, evaporadores y ventiladores.
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Optimizar ciclos de desescarche con lógica basada en uso real.
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Planificar ventilación/operaciones en horarios de menor demanda.
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Sesión rápida de capacitación para equipos de turno.
Completar este checklist antes del inicio de un periodo de alta actividad puede reducir el consumo en cámaras y frío de forma tangible, sin comprometer la conservación y seguridad de los alimentos.
¿Por qué estos ajustes importan?
El consumo en cámaras y frío suele representar una parte significativa de la factura energética de una cooperativa durante campañas intensas. Corregir fugas de aire, optimizar la operación diaria, mantener equipos y ajustar temperaturas en función de la realidad del producto tiene efectos acumulativos: no solo se reduce la energía consumida, sino que también se mejora la estabilidad de la cadena de frío y se prolonga la vida útil de los equipos.
Además, muchas de estas prácticas están alineadas con mejores estándares de gestión energética y criterios ESG en el sector, puesto que reducen emisiones y mejoran la huella energética sin sacrificar la calidad de conservación.





