Fundada en 1918 y pionera del cooperativismo vitivinícola en la Comunitat Valenciana, Bodegas Reymos encarna una manera de entender el vino estrechamente vinculada al territorio, al medio rural y a las personas que lo hacen posible. Con más de un siglo de trayectoria y una clara especialización en la variedad Moscatel de Alejandría, la bodega ha sabido evolucionar a través de la innovación y la adaptación constante, demostrando que es posible afrontar los retos del sector apostando por la sostenibilidad, que integra de forma equilibrada las dimensiones ambiental, social y económica.

En esta entrevista, Fernando García, director general de Bodegas Reymos, reflexiona sobre la evolución del sector, el papel del modelo cooperativo y la importancia de medir y poner en valor lo que ya se está haciendo. “La sostenibilidad es un ámbito nuevo y complejo. Contar con alguien que te guíe marca la diferencia”, afirma, y añade: “Creo que ahora es el momento de creérselo de verdad, asumirlo con convicción y avanzar hacia retos más ambiciosos”.


P: ¿Qué significa para vosotros tener más de un siglo de historia y cómo ha evolucionado la bodega desde sus orígenes hasta hoy?

R: Supone una gran responsabilidad. La bodega se fundó en 1918, en un momento muy duro de la historia de España. Fueron 104 socios agricultores los que decidieron dar el paso y constituir una cooperativa. Que esa decisión haya llegado hasta nuestros días y que hoy Reymos sea un ejemplo de éxito del cooperativismo es algo muy importante, pero supone una gran responsabilidad, porque el reto es perdurar y estar a la altura de esa historia.

P: Siguiendo con el territorio, ¿qué papel juega en vuestra identidad como bodega (y también como cooperativa) y en la calidad de vuestros vinos, especialmente en el caso del Moscatel de Alejandría?

R: Moscatel de Alejandría es la variedad con la que trabajamos y somos la mayor productora de España de esta uva. No podríamos haber mantenido esta posición desde 1918 hasta hoy si no hubiésemos sabido combinar especialización e innovación. A partir de una sola variedad hemos ido, año tras año, desarrollando diferentes tipos de producto: desde los inicios, cuando el Moscatel de Alejandría se cultivaba principalmente para consumo como uva de mesa, hasta la actualidad, en la que elaboramos vinos espumosos de baja graduación, por ejemplo. Esa capacidad de adaptación ha sido fundamental.

P: Además, Reymos cuenta con unos 450 socios y más de 2.000 hectáreas de viñedo. ¿Qué papel juega la cooperativa en la economía local y en el territorio?

R: Bodegas Reymos forma parte de la cooperativa Cheste Agraria, que no agrupa solo a los 450 socios vinculados al viñedo, sino que en total suma más de 2.000 socios. Algunos se dedican a los cítricos, otros al caqui, otros al olivar… La cooperativa es la estructura que agrupa todas estas producciones y se encarga de comercializarlas de una manera justa. Esto tiene un impacto importante en el municipio y en el territorio, porque garantiza actividad económica, el empleo y las rentas para muchas familias.

P: Entiendo que eso también genera empleo y permite que las personas puedan vivir y trabajar en el territorio.

R: Si tenemos en cuenta que entre socios y profesionales sumamos cerca de 3.000 personas, esto significa que prácticamente todas las familias del municipio tienen relación con la cooperativa de una forma u otra.

P: Ahora vamos a hablar un poco de cómo ha evolucionado la percepción de la sostenibilidad en el sector vitivinícola. ¿Cómo habéis percibido esa evolución?

R: Diría que progresa adecuadamente. Creo que todavía estamos en un momento en el que tendemos a focalizar la sostenibilidad casi exclusivamente en el cultivo ecológico, orgánico o biodinámico. Sin embargo, ahora empezamos a entender que la sostenibilidad es mucho más que eso: es economía, es labor social… y ahí es donde creo que el sector está dando un primer impulso fuerte.

P: Como comentábamos antes, que las familias puedan vivir de la bodega y quedarse en el pueblo también está directamente relacionado con la sostenibilidad. Lo que pasa es que de eso no se habla tanto. Se ha insistido mucho desde distintos ámbitos, también desde Europa, en la parte ambiental, en la normativa, en la comunicación, en lo “verde”, pero hay otras dimensiones igual de importantes.

R: Cuando estudiaba Ingeniería Agronómica, hace ya muchos años, una de las optativas que cursé fue agricultura sostenible, sin saber muy bien qué significaba entonces. Aquella asignatura trataba principalmente de comercio justo: agricultura basada en cacao, café, en países como Colombia o Senegal. La idea era cómo conseguir esos productos de una manera justa y equilibrada, para que esos territorios también pudieran sobrevivir. Esa visión me parecía mucho más clara y pura de lo que realmente significa la sostenibilidad.

P: Teniendo en cuenta lo social y lo económico.

R: Exacto. Al menos en el ámbito de las bodegas, que es el que conozco mejor, la mayoría sigue entendiendo la sostenibilidad con un enfoque meramente ecológico. Y la dimensión social y la económica son igual de importantes.

P: ¿Cuáles dirías que son hoy los principales retos del sector para seguir avanzando hacia un modelo más sostenible?

R: Uno de los grandes retos es precisamente poner todo esto en valor. Para poder hacerlo, lo primero es marcar objetivos claros de mejora dentro de un plan de sostenibilidad. Eso implica dar más pasos hacia adelante.

Algunas bodegas cooperativas como la nuestra ya realizan una labor social y económica importante. Y en el ámbito medioambiental existe una legislación que te marca el camino. Pero creo que ahora es el momento de creérselo de verdad, asumirlo con convicción y avanzar hacia retos más ambiciosos.

Vamos a hablar ahora de algunas acciones concretas que habéis realizado en la bodega, como la nueva depuradora, que ha permitido reducir el pago del canon de vertidos y optimizar la gestión de los subproductos. ¿Dirías que este tipo de inversiones demuestran que la sostenibilidad puede traducirse en rentabilidad y eficiencia, y que no debe entenderse solo como una imposición, sino también como algo beneficioso para la propia organización?

Sí, yo creo que aquí Bodegas Reymos puede ser uno de los ejemplos más claros. En nuestro caso, lo más notorio ha sido la inversión en la depuradora, pero no hicimos solo eso. Antes de instalarla realizamos un estudio del uso del agua y de los vertidos. A partir de ahí, el segundo paso fue intentar limitar y reducir el consumo de agua, porque cuanta menos agua utilizas menos agua tienes que depurar después. Y una vez dados esos dos pasos, el siguiente ya fue implantar la depuradora.

Hay que tener en cuenta que nosotros estamos enclavados en pleno municipio. Para nosotros era muy importante, también desde el punto de vista social, que la calidad del agua que emitimos al alcantarillado público sea la mejor posible, para no generar impactos negativos ni exigir tratamientos adicionales.

Hemos visto una reducción del canon de vertidos, porque la calidad del agua que emitimos es mucho mejor, y también una reducción en el consumo de agua. Eso se traduce en ahorro, sí. Pero más allá de eso, hay una base muy importante de responsabilidad social: tenemos que intentar que nuestro impacto en el entorno sea el menor posible.

P: ¿Cómo se consigue que la sostenibilidad forme parte de la cultura diaria de la bodega y no se quede solo en normas o procedimientos?

R: Son pequeños gestos que se incorporan en el día a día. Por ejemplo, en el laboratorio, cada vez que elaboramos un vino se toma una muestra, se analiza y se comprueba que los parámetros son correctos. El vino que sobra nunca se tira al desagüe. En todos los puntos de la bodega tenemos recipientes preparados para recoger cualquier resto. No se puede tirar ni una gota de vino. No hay justificación para hacerlo.

Siempre hay una pauta establecida para recuperar ese vino y enviarlo a destilería o al recurso que corresponda. Eso forma parte ya de la cultura de la empresa.

P: Habéis ocupado prácticamente todo el espacio disponible para instalaciones fotovoltaicas y producís alrededor de un 15 % de vuestra energía de forma renovable, a través de energía solar. ¿Creéis que hay margen de mejora?

Creemos que hay margen de mejora por dos motivos. Uno, porque la bodega aún tiene espacio disponible; debemos buscar el aprovechar al máximo toda la superficie para ser completamente eficientes.

Y dos, porque la instalación que tenemos ahora se hizo hace casi una década, y desde entonces la eficiencia de las placas ha mejorado mucho. Por eso estamos realizando un estudio presupuestario para ver qué nos costaría renovar parte de la instalación y ampliarla, de manera que podamos pasar a un porcentaje mayor, combinando más superficie y placas más eficientes. Así que sí, margen de mejora hay, desde luego.

P: Vamos a hablar ahora del Observatorio de Sostenibilidad de Anecoop, del que formáis parte. ¿Qué dirías que os aporta?

R: Principalmente asesoramiento, consejo y apoyo. Cualquier movimiento nuevo genera mucha incertidumbre. Cuando hablamos de sostenibilidad, cada uno tiene su propia idea en la cabeza. Lo primero que hace el Observatorio es sentar unas bases claras desde las que trabajar. Te aconsejan sobre cómo canalizar ese conocimiento que ya tienes y consiguen plasmarlo en algo mucho más tangible.

¿Crees que medir y evaluar el impacto sostenible ayuda a tomar mejores decisiones?

Sin duda. Hace algunos años, cuando comprabas una maquinaria nueva, lo único que mirabas era el precio. Luego añadías la productividad: si producía más, te interesaba. Después se empezaron a tener en cuenta otros criterios, como el diseño higiénico, la facilidad de limpieza, la seguridad alimentaria…

Y ahora se incorpora un criterio más que hasta hace poco no evaluábamos: el impacto en la sostenibilidad. Actualmente, es igual de importante valorar ese impacto que cualquier otro aspecto a la hora de adquirir una nueva maquinaria.

Por ejemplo, la depuradora nos ha permitido reducir el canon de vertidos. Eso es eficiencia directa.

P: Y además, tener estos datos organizados ayuda para redactar las memorias de sostenibilidad, cumplimiento normativo o certificaciones.

R: Cuando ya tienes todos esos datos, se abren muchas puertas para acceder a certificaciones que te respaldan a nivel internacional y dan credibilidad a lo que estás haciendo.

Muchas veces se percibe el trabajo del Observatorio como una carga adicional, porque todos vamos justos de tiempo. Pero, por otra parte, también es una forma de adelantarte a lo que tarde o temprano vas a necesitar.

Al final lo vas a necesitar sí o sí. Y cuando ya lo has hecho, te das cuenta de que realmente lo necesitabas.

¿Qué papel juegan las certificaciones y los indicadores verificables en la credibilidad de un discurso sostenible?

Son la rúbrica final. Hay países y mercados mucho más avanzados en esta materia y exigen este tipo de certificaciones. No basta con decir “sí, lo hago”. Tienes que demostrarlo. Una certificación es precisamente eso, alguien externo que certifica que lo que dices es verdad. Para mí su papel es crucial.

También a nivel de comunicación corporativa ayuda mucho, porque no se queda solo en el discurso, puedes mostrar datos y certificaciones.

Claro. Y además en Europa el greenwashing está muy perseguido y cada vez más regulado. No basta con decir que eres sostenible, tienes que demostrarlo.

¿Qué partes de la sostenibilidad crees que el consumidor entiende mejor a día de hoy?

Creo que, en general, se sigue asociando sostenibilidad casi exclusivamente al medioambiente. Creo que tenemos que trabajar para evitar esa asociación tan directa entre sostenibilidad y medioambiente, porque la dimensión social y económica es igual de importante.

Para terminar, ¿cuáles son los próximos pasos que os marcáis en materia de sostenibilidad en Reymos?

A nivel medioambiental seguiremos centrados en dos grandes ejes: reducción del consumo de agua y reducción del consumo energético.

También estamos trabajando muy de cerca con proveedores de vidrio para reducir el peso de las botellas, porque eso tiene un impacto importante en la huella de carbono. Y a nivel social y económico queremos seguir volcados en apoyar a asociaciones y organizaciones del pueblo. Para nosotros es clave estar alineados con las necesidades del territorio. Eso ya forma parte de nuestro ADN y de nuestro plan estratégico.

Para cerrar, ¿qué mensaje lanzarías a otras bodegas o entidades del sector que están empezando a dar sus primeros pasos en sostenibilidad?

Que se animen, que es más sencillo de lo que parece, y que busquen asesoramiento. No tenemos por qué saber de todo. La sostenibilidad es un ámbito nuevo y complejo, y contar con expertos que te guíen marca la diferencia. Una vez empiezas y lo entiendes, todo fluye mucho más rápido. Pero ese primer impulso y ese acompañamiento son fundamentales.

O sea, que si son socios de Anecoop deberían adherirse al Observatorio de Sostenibilidad.

Ya están tardando.

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