En esta tercera parte de la entrevista, Gonzalo Celayeta, director técnico de Bodegas San Martín, explica cómo el trabajo en el Observatorio ha servido para ordenar, medir y poner en valor muchas prácticas que ya formaban parte del día a día de la bodega: “Creo que uno de los grandes elementos diferenciales de las cooperativas es su vínculo social con el territorio. Si somos capaces de medirlo y comunicarlo, es una ventaja competitiva”, afirma.

P: ¿Qué os motivó a participar en el Observatorio de Sostenibilidad de Anecoop y cómo ha cambiado vuestra forma de entender la sostenibilidad?

R: Nos animaron bastante desde Anecoop. El departamento de Calidad y Sostenibilidad fue el que nos impulsó a participar en el Observatorio. Ya entendíamos que la sostenibilidad, además de un factor estratégico, es una cuestión de responsabilidad, algo que está muy presente hoy en día y que es una necesidad.

Además, fue fácil sumarse. A través de Kiwa, el proceso ha estado muy tutelado: los indicadores ya estaban definidos, había acompañamiento para el autoanálisis… Con el apoyo de Anecoop y de Kiwa, todo ha sido muy sencillo, por eso nos animamos.

¿Cómo ha cambiado nuestra forma de entender la sostenibilidad? Radicalmente. Antes no analizábamos indicadores de sostenibilidad. Sabíamos que había prácticas que aplicábamos por sentido común, pero no las medíamos. Ni siquiera habíamos calculado la huella de carbono. Lo que hemos hecho ha sido aplicar una estructura ya existente a la realidad concreta de la bodega.

P: ¿Qué significa para vosotros formar parte del Observatorio y cómo ha reforzado vuestro compromiso con la sostenibilidad?

R: Tampoco nos habíamos metido de lleno en la sostenibilidad. Es verdad que desarrollas acciones, pero realmente no eres consciente de su impacto sostenible, ¿no?

El Observatorio nos ha servido para hacer un autoanálisis de las acciones que, a veces, solamente por ser cooperativa, estás aplicando sin darte cuenta. Acciones en cadena con un importante impacto social y generacional, que garantizan el futuro del mundo rural y que agregan saldo positivo a tu gestión sostenible, sin ser consciente de ello.

Otro de los aspectos que más nos ha sorprendido es que el Observatorio te permite identificar y analizar indicadores de sostenibilidad que no te paras a estudiar normalmente. Hay mucha información de base de la que se obtiene más información. Estamos en proceso de ir poco a poco asimilándolo todo. 

También nos ha ayudado a ordenar lo que ya hacíamos, a cuantificarlo, a ver su impacto real y a identificar otras cosas que no estábamos aplicando y que podemos mejorar. Al final, medir es fundamental. Si no mides tu impacto, no sabes si lo que haces funciona, si está bien o no, o si tienes margen de mejora. 

Yo creo que esa ha sido una de las mayores aportaciones que nos ha dado el Observatorio. 

P: ¿Qué destacarías del proceso de trabajo?

R: Todavía no es un proceso cerrado. Falta la última parte, que es la visualización de los datos en la plataforma, el seguimiento del nivel de cumplimiento y, sobre todo, en análisis de los datos para poder actuar.

En general, lo más relevante ha sido comprobar que el impacto medioambiental y sobre todo social de las cooperativas reside en su propia naturaleza y se realiza de forma inconsciente. El empleo que generas en la zona, cómo repartes los beneficios, la influencia sobre el desarrollo rural…. Son aspectos que das por hecho y no te paras a analizar, pero cuando las mides ves que estás contribuyendo de forma real al desarrollo económico y social del territorio. 

También hay muchos aspectos que no se suelen medir, como la conciliación familiar, la flexibilidad horaria… Son prácticas que se aplican de manera natural en una cooperativa, porque hay una relación muy cercana con las personas y con el territorio, pero que no siempre eres consciente de que forman parte de la sostenibilidad.

Aspectos que no se suelen medir, como la conciliación familiar, la flexibilidad horaria… Son prácticas que aplicas de manera natural en una cooperativa, porque hay una relación muy cercana con las personas y con el territorio, pero que no siempre eres consciente de que forman parte de la sostenibilidad. 

Ahora, al poder cuantificarlo y vincularlo a indicadores u objetivos, es mucho más fácil ponerlo en valor. 

P: ¿Ha habido algún cambio concreto a partir del Observatorio?

R: Más que cambios, ha habido mejoras. El autoconsumo energético, el ahorro de agua, la optimización de procesos… Son pequeñas acciones que, sumadas, tienen un gran impacto. No ha habido un cambio drástico de rumbo, sino una mejora continua basada en los datos.

P: ¿Qué le dirías a otras bodegas o cooperativas que dudan en adherirse al Observatorio?

R: Les animaría a participar, porque se sorprenderán de la cantidad de acciones cotidianas que tienen un impacto en la sostenibilidad y que salen a la superficie, y que el Observatorio permite cuantificar y mejorar. 

Además, te prepara para el futuro: certificaciones, mercados que exigen determinados requisitos… Si ya tienes los datos organizados, gran parte del trabajo está hecho.

P: Para terminar, ¿crees que el sector debe avanzar hacia un modelo más sostenible?

R: Sin duda. A nivel medioambiental el sector ya está avanzando bastante: agricultura ecológica, reducción de biocidas, protección de la biodiversidad… En eso se está progresando rápido, muchas veces incluso por obligación normativa.

Donde cuesta más avanzar es en la sostenibilidad económica del medio rural. Se habla mucho a nivel político, pero se hace poco. Los pueblos se mantienen con empresas que generen empleo y actividad económica. El sector agroalimentario es clave para eso. Si no se rentabiliza el cultivo, los pueblos tienen fecha de caducidad. Y ahí hay dos grandes barreras: la educativa (venimos de una cultura donde la sostenibilidad no era prioritaria) y la económica, porque dedicar recursos a algo que no sea producción o venta siempre es más complicado.

Pero la sostenibilidad es imprescindible. Significa mantenerse en el tiempo y, sin empresas rurales fuertes, no hay futuro para el territorio.

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