En un sector cada vez más globalizado, Bodegas San Martín ha optado por reforzar su identidad y su vínculo con el territorio como eje de su estrategia. Desde el cooperativismo y el arraigo local, la bodega navarra aborda la sostenibilidad desde una mirada que pone en valor a las personas, al pueblo y a la dimensión social del proyecto. “El pueblo no se entiende sin la cooperativa, y la cooperativa tampoco se entiende sin el pueblo. La gente se siente muy identificada”, explica Gonzalo Celayeta, director técnico de la bodega, quien subraya que, además, se ha convertido en un valor diferencial: “Ahora creo que esa responsabilidad social es una virtud”.

 

P: Empezamos, si quieres, hablando un poco sobre Bodegas San Martín y el pueblo, porque lleváis más de un siglo trabajando aquí y sois una de las cooperativas vitivinícolas más emblemáticas de Navarra. ¿Cómo describirías la evolución de la bodega desde sus orígenes hasta hoy?

 

R: La evolución ha sido estratégica, acorde con los tiempos. Ha habido hitos muy importantes, sobre todo la fundación, porque fue cuando surgió todo el movimiento cooperativo en Navarra. Diría, incluso, que el movimiento nació aquí, de la mano de la Iglesia. Entonces no estaba muy desarrollado el sistema mercantil y los pequeños viticultores, la gente de pueblo estaban en desventaja frente a la aristocracia. Ahí surgió ese movimiento cooperativo.

 

En el año 85 se fusionaron las dos cooperativas surgidas de este movimiento: Bodegas San Martín y Bodegas Cosecheros, que era la bodega del pueblo.

 

A nivel de elaboración se ha mantenido en una línea bastante tradicional, porque aquí ha habido mucho arraigo al rosado desde… quizá desde los años 30. Ha sido siempre una zona muy característica de rosados, de Garnacha, y eso lo hemos mantenido en el tiempo. Aunque en Navarra hubo una reconversión varietal importante a finales del siglo pasado, con el arranque de mucha Garnacha y la introducción de variedades francesas, aquí apostamos por mantener esa identidad.

 

Ha habido también una evolución tecnológica grande, como en todo el sector, pero estratégicamente hemos apostado por mantener lo identitario, el rosado y la Garnacha. Creo que ha sido un acierto, porque cuando se internacionaliza la venta de vino, la gente busca productos con arraigo, con más autenticidad.

 

En el año 2000 hubo otro hito: se construyó la nueva bodega, las instalaciones en las que estamos ahora. Una inversión grande. Ya hacía años que se habían introducido sistemas de frío, esenciales para el rosado, y se decidió apostar por una bodega nueva con

 

toda la innovación, automatizaciones y tecnología necesaria para elaborar en las mejores condiciones.

 

P: Has comentado que en Navarra surgió el movimiento cooperativista. ¿Qué valor crees que tiene seguir siendo cooperativa hoy, en un contexto globalizado y competitivo?

 

R:  En el aspecto social creo que es fundamental. La cooperativa tiene una responsabilidad social con el territorio. El vínculo con San Martín de Unx es enorme. No habrá una sola familia en el pueblo que no tenga viñedos. La bodega colabora en el crecimiento del pueblo: desarrolla actividades, enoturismo y emplea a mucha gente de aquí. El pueblo no se entiende sin la cooperativa, y la cooperativa tampoco se entiende sin el pueblo. La gente se siente muy identificada.

 

Tradicionalmente, ser cooperativa se ha asociado a ofrecer productos de menor valor, cosa que es absolutamente incierta. Además de un buen producto, la cooperativa tiene un valor diferencial que es su sentido de la responsabilidad empresarial. Las cooperativas son sostenibles, y no solo desde el punto de vista medioambiental: para mí, es casi más importante la sostenibilidad social o la económica, sobre todo en las zonas rurales.

 

El gran problema es cómo transmitimos ese valor que lleva al apoyo, al relevo generacional en los pueblos. Yo creo que todos los que estamos en cooperativa lo tenemos claro, pero es difícil hacérselo llegar al consumidor.

 

Por eso, el reto es cómo podemos comunicarlo. Por ejemplo, en el etiquetado de un producto, es fácil transmitir el significado de un sello ecológico. Pero la parte social es difícil de comunicar.

 

Es algo que, frecuentemente, trabajando con el Observatorio, lo hemos comentado con Mari Carmen (Morales) y con David (Torres): ¿cómo podemos ser capaces de transmitir todo esto en pocas palabras, y en qué tipo de soporte o canal?

 

Ya se ha hecho bastante esfuerzo en señalizar con pictogramas algunos indicadores para resumirlo, pero sigo pensando que necesitamos todavía condensarlo más para que, de algún modo, podamos contar con algún certificado, un logo o algo similar que permita dar a conocer al consumidor todo lo que estamos haciendo, pero que ahora mismo no se ve.

 

P: Casi la mitad de vuestra facturación se destina o se reinvierte en proveedores locales. ¿Cómo se traduce este compromiso en vuestro día a día?

 

R: Al ser una cooperativa, los proveedores son los propios socios. Toda la materia prima procede del pueblo, o, en su defecto, de localidades colindantes. La uva son los propios socios. Y eso repercute en la decisión de permanencia en el entorno: la gente se quiere quedar en el pueblo porque aquí tiene su medio de vida y su trabajo. Además, el viñedo tiene precisamente mucho arraigo. Si tienes el viñedo aquí, sueles vivir cerca.

 

Es un ejemplo muy claro de economía circular ya que tus ingresos dependen del territorio y tu día a día está ligado al cultivo.

 

El hecho de que los viticultores sean de aquí hace que se impulse el desarrollo del cultivo, pero también del pueblo: hay movimiento económico, actividad y vida. Al final es la rueda: si el campo funciona, el pueblo funciona; y si el pueblo funciona, la gente se queda y puede seguir viviendo aquí.

 

Además, en un pueblo tan pequeño como este, la bodega actúa casi como un motor: alrededor del viñedo y del vino se generan otros trabajos, otras oportunidades y, en general, un arraigo que mantiene el territorio. Por eso decimos que el modelo cooperativo tiene una importancia vital en ese vínculo entre población, territorio y actividad económica.

 

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